Biru y las cien alas de papel

Una bandada nada perfecta descubre una forma nueva de volar juntos. ¿Qué podría ayudarte a hacer ese doblez tuyo tan inesperado?

23 pages · Ages 6-7 · ES

Biru y las cien alas de papel

Biru guía a una bandada de pájaros de papel de mil colores por el taller de la biblioteca.

Biru y las cien alas de papel

Para todos los que hacen cosas con las manos y alguna vez un doblez les salió por donde no esperaban.

Qué hay dentro

El pájaro número cien Cuando la brisa pasó la página Cada doblez sirve para algo El árbol que necesitaba a todos los pájaros

Noventa y nueve sobre la mesa

La señora Hana pone a Biru, el pájaro de papel número cien, junto a las filas de pájaros de colores.

En el taller de la biblioteca, noventa y nueve pájaros de papel esperaban en filas muy derechitas. Las alas color coral con las alas color coral. Las colas verde menta con las colas verde menta. Al final, la señora Hana puso el pájaro número cien: Biru, azul cobalto, con la barriguita blanca, un ala bien lisa y otra ala con una arruga inesperada.

El doblez que no se aplanaba

Biru ve que el ala arrugada se levanta otra vez después de intentar aplanarla.

Biru puso el ala derecha debajo de un libro, contó hasta diez y se asomó. ¡La arruga volvió a subir como una colinita azul! Dos pájaros color crema inclinaron sus puntas perfectas. —La exposición es un vuelo —susurró Biru—. ¿Y si yo no sé volar como se debe?

Un árbol los esperaba

Biru mira hacia un árbol de papel con cien bolsillos vacíos, de pie en el suelo.

Su destino estaba en el suelo del taller: un árbol de papel, altísimo, con cien bolsillos vacíos en sus ramas. Después de la hora del cuento, la señora Hana llevaría allí a los pájaros. Cada bolsillo miraba hacia un lado distinto y formaban un gran círculo de alas alrededor del tronco. Biru vio un bolsillo y se imaginó un huequito azul vacío.

La ventana respira hondo

Una brisa suave levanta a los pájaros de papel mientras la señora Hana cierra la ventana alta.

Allá arriba, la ventana redonda suspiró. La señora Hana fue a tirar de la cuerda para cerrarla, pero antes se coló una brisa juguetona. Las páginas aletearon. Las plumas de papel temblaron. Noventa y nueve pájaros se echaron a volar de golpe, ¡y Biru rodó detrás, con un ala que lo llevaba hacia otro lado!

Una bandada entre las estanterías

Biru gira entre las estanterías de la biblioteca y los pájaros doblados de maneras distintas siguen caminos diferentes.

La bandada navegó entre estanterías enormes y por encima de los cojines del suelo. Los pájaros puntiagudos iban rapidísimo y se pasaban de largo la primera curva. Los pájaros anchos flotaban despacito y atascaban el pasillo. Y el ala arrugada de Biru atrapó más aire y lo hizo girar de lado, justo por la curva estrechita.

Los pájaros azafrán se quedan atascados

Biru ayuda a seis pájaros de papel color azafrán a salir de entre los cojines blandos.

Seis pájaros color azafrán cayeron de pico en una fila de cojines blandos. Sus puntas largas se les clavaron en las costuras. Biru aterrizó de lado, con el ala arrugada por delante, ¡y rebotó libre! «¡Giren hacia abajo el lado ancho!», les gritó Biru. Poco a poco, los pájaros azafrán se fueron soltando.

Las colas ciruela hacen de freno

Pájaros de papel color ciruela usan sus colas anchas para frenar a los pájaros menta.

Junto al carrito de libros, los pájaros menta iban demasiado rápido. Tres pájaros color ciruela abrieron sus colas anchas y partidas. Atraparon el último soplo de brisa, como frenitos. Los pájaros menta se posaron sin peligro en el estante de abajo. «No todo pliegue útil va en un ala», pensó Biru.

La bandada pierde su círculo

Biru observa a la bandada dispersa cuando la brisa ya se ha quedado quieta.

Cuando la brisa se calmó, los pájaros quedaron por todo el taller: en el estante, en el carrito, en los cojines, en la alfombra de lectura. Las filas tan ordenadas ya no estaban. Nadie veía el árbol de papel. Un pájaro coral preguntó: «¿Y ahora, hacia dónde queda nuestro sitio?». Biru miró cada ángulo raro y empezó a notar algo.

Biru lee las alas

Biru descubre que los ángulos de los pájaros dispersos forman un camino.

Los pájaros cerca de la ventana miraban hacia el otro lado. Los de los cojines apuntaban a la curva del estante. Las colas ciruela marcaban el carrito. El ala arrugada de Biru recordaba el giro de lado. «¡Nuestras formas guardaron un mapa!», dijo Biru. «Podemos seguir el camino que hicimos».

Las alas anchas llevan el susurro

Pájaros de papel distintos viajan con el movimiento que mejor les va a sus pliegues.

Los pájaros crema, de alas anchas, despegaron primero. Solo hacían un suave susurro de papel y se pasaban la señal del camino, del estante a los cojines. Los pájaros coral, de puntas afiladas, los siguieron a saltitos con cuidado. Ninguno tuvo que copiar la forma de otro. Cada uno se movió como mejor sabían sus pliegues.

Biru toma la curva de lado

Biru guía a la bandada por una curva estrecha del estante.

En la curva estrecha, Biru pasó al frente. Con el ala lisa firme y el ala arrugada llena de aire: ¡inclinar, deslizar, girar! La bandada copió el rumbo, no la forma. Cada pájaro dio la vuelta al estante a su manera, y todos llegaron juntos a la alfombra de lectura.

El árbol no es un examen

Biru nota que el árbol de papel tiene bolsillos de formas muy distintas.

El árbol de papel apareció al otro lado de la alfombra. Biru volvió a contar sus bolsillos. Unos eran estrechos, otros anchos, otros torcidos, otros casi planos. La señorita Hana, sentada cerca, sonrió. «Una exposición no es un examen de ser iguales», dijo. «Es un lugar para mostrar lo que hicimos».

Elige el bolsillo que te queda

La bandada de papel elige bolsillos de distintas formas en el árbol de la exposición.

Los pájaros largos eligieron bolsillos hondos. Los anchos, ramas abiertas. Los de cola ciruela se quedaron cerca del lado del carrito. Biru probó primero el bolsillo derecho y azul, pero el ala arrugada se encogía más. Entonces vio un bolsillo curvo que miraba a la ventana.

El árbol que se curvó de azul

El ala arrugada de Biru atrapa una luna de luz de la ventana redonda.

Biru se deslizó en el bolsillo curvo. El ala lisa apuntaba hacia la sala. El ala arrugada se abría hacia la ventana redonda y sostenía una suave luna de luz. Aquella forma azul no escondía el error. Giraba todo el árbol, despacito, hacia la mañana.

Cien pájaros, ninguno igual

Los niños y la señorita Hana admiran cien pájaros de papel plegados de formas distintas.

La señorita Hana llamó a los niños de vuelta a la alfombra. Desde el suelo fueron encontrando rizos, puntas, abolladuras, colas anchas, alitas diminutas y la luna azul de Biru. Nadie preguntó cuál era el pájaro más correcto. Buscaban cien maneras en que el papel podía guardar la luz.

Un papel nuevo junto a Biru

Biru mira un cuadrado nuevo de papel azul cobalto junto a la bandada terminada.

A la hora de cerrar, la señorita Hana dejó en la mesa baja un cuadrado de papel azul cobalto. No lo puso bajo un libro pesado: solo lo dejó listo. Biru vio cómo se alzaban sus esquinas en la sala tranquila. Mañana alguien haría un pájaro liso, uno arrugado o una forma sin nombre todavía. En la bandada había sitio.

Comprueba tu asombro

Palabras nuevas

Dónde buscamos

Este cuento mágico de pájaros de papel salió directo de la imaginación. La biblioteca, con adultos cuidando la manualidad en la mesa y en el suelo, nos muestra cómo jugar con seguridad.

Fin

Biru nunca alisó su ala inesperada. Al descubrir lo que podía hacer cada pliegue, el pájaro número cien ayudó a que toda la bandada fuera más interesante y más completa.

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