Postales desde un rayo de sol

Viaja desde el Sol hacia afuera y descubre por qué cada mundo tiene su propia historia increíble. Si pudieras mandar una sola postal desde cualquier lugar del espacio, ¿qué mundo elegirías primero?

23 pages · Ages 8-10 · ES

Postales desde un rayo de sol

Ilustración de portada de Postales desde un rayo de sol

Postales desde un rayo de sol

Para cada niña y cada niño que mira hacia arriba y siente que el mapa se hace más grande.

¿Qué hay adentro?

Donde empieza el rayo de sol La postal azul y la roja Gigantes en el frío Las postales lejanas

La estrella que lo sostiene todo

Una navecita de luz se aleja del Sol enorme y brillante, junto a una fila de Tierras diminutas.

Bienvenido a la dirección donde empiezan todas las postales: el Sol. No es una fogata flotando en el espacio. Es una estrella enorme, un océano de plasma brillante, que es un gas tan caliente que sus partículas diminutas llevan carga eléctrica. Su gravedad es como un jalón invisible que mantiene a los planetas dando vueltas, sin salir disparados. Desde nuestra navecita de luz, ya puedes sentir lo gigantesco que es el Sistema Solar.

La luz es nuestra regla

Un rayo de sol dorado lleva una navecita desde el Sol, pasando por la Tierra, hacia el lejano Plutón.

¿Cómo mides un vecindario donde las casas están a mundos de distancia? ¡Con luz! La luz va rapidísimo, pero el espacio es tan ancho que aun así tarda en cruzarlo. Un rayo que sale del Sol llega a la Tierra en unos 8 minutos. Si lo sigues más y más lejos, pasando los planetas lejanos, llega a Plutón en unas cinco horas y media. A ese tiempo de viaje le llamamos tiempo luz. Así una distancia invisible se vuelve algo que puedes imaginar: cuando la luz del sol ya llegó a la Tierra, todavía le faltan horas para llegar a Plutón. Ese largo silencio nos enseña algo: el Sistema Solar es casi todo espacio vacío.

Dos años para un solo día

Una navecita vuela sobre el suelo lleno de cráteres de Mercurio, bajo varias imágenes del Sol en distintas posiciones.

Mercurio es el planeta más cercano al Sol: un mundo pequeño y rocoso, lleno de cráteres, que son hoyos en forma de tazón que quedan cuando algo choca contra él. Uno pensaría que el planeta más cercano tiene el día más corto. Pues prepárate para la sorpresa. Mercurio le da una vuelta completa al Sol en 88 días de la Tierra, ¡pero de un amanecer al siguiente pasan 176 días! O sea, un día dura un poquito más que dos de sus años. Su giro y su vuelta alrededor del Sol van a un ritmo muy raro, así que el Sol parece arrastrarse por su cielo negro. Estar cerca del Sol no quiere decir que todo sea sencillo.

Venus lleva una cobija caliente

Un corte de Venus muestra nubes gruesas que atrapan el calor sobre un suelo tan caliente que ablanda el plomo.

Venus está más lejos del Sol que Mercurio. Entonces, ¿cuál es más caliente? Mucha gente dice que Mercurio, ¡pero Venus gana por mucho! Venus tiene una atmósfera, una cobija de gases, tan gruesa que al calor le cuesta escaparse al espacio. La luz del sol calienta el suelo y luego ese aire tan denso atrapa casi todo el calor. Eso se llama efecto invernadero: es como cuando te tapas con una cobija y guardas tu propio calor, pero muchísimo más fuerte. En Venus el suelo está a unos 467 °C, o 872 °F, ¡suficiente para derretir el plomo! Mercurio casi no tiene atmósfera que guarde el calor. La distancia importa, pero el aire de un planeta puede importar todavía más.

La Tierra puede contestar

Una navecita de luz mira hacia la Tierra azul y cubierta de nubes, con una postal flotando cerca.

Aquí está nuestra postal de océanos azules: la Tierra. Nubes blancas se enroscan sobre los mares, la tierra rocosa y un montón de seres vivos. Es el único mundo que conocemos donde hay vida. Desde esta casita en el espacio, la gente mira hacia afuera, explora con naves y manda sus propias postales al universo.

La Luna guarda las huellas

Huellas de botas muy marcadas cruzan el polvo gris de la Luna, cerca de un astronauta con traje espacial y las sombras oscuras de unos cráteres.

Imagina una huella en la arena mojada de la playa. El viento, la lluvia y las olas la borran en un ratito. La Luna no tiene una cobija de aire, eso que llamamos atmósfera, así que allá no hay viento ni lluvia. Por eso su suelo polvoso puede guardar las pisadas de las botas de los astronautas durante millones de años. Es cierto que todavía le caen piedritas del espacio, que dejan hoyos en forma de tazón llamados cráteres. Pero allá todo cambia muchísimo más despacio que aquí en la Tierra. Esas huellas tan nítidas son pistas silenciosas de visitas de hace mucho tiempo.

Marte construye un gigante

El enorme y ancho volcán Monte Olimpo se alza sobre Marte junto a tres siluetas tenues de montañas apiladas.

Marte se ve rojo como óxido porque su polvo tiene hierro, el mismo metal que aquí se oxida y se pone rojizo. Pero lo más asombroso es su volcán más grande. El Monte Olimpo mide unas 16 millas, o 25 kilómetros, de alto. ¡Eso es casi como poner tres montes Everest uno encima del otro! Un volcán es un lugar por donde la roca derretida y los gases pueden subir desde el interior de un mundo. El Monte Olimpo no solo es alto: también es anchísimo, como una montaña enorme de laderas suaves extendida sobre Marte. Ojo: el aire de Marte es tan delgadito que no podrías salir de excursión sin traje espacial.

Nada de esquivar rocas

Una nave de luz diminuta viaja por un cinturón de asteroides muy espacioso, con solo unas cuantas rocas lejanas.

En las películas, el cinturón de asteroides parece un embotellamiento loco de piedras. ¡Pues no! En realidad, casi todo es espacio vacío. Los asteroides son rocas pequeñas que dan vueltas alrededor del Sol, y están repartidos en una zona gigantesca entre Marte y Júpiter. Son sobras del principio del sistema solar que nunca se juntaron para formar un planeta. La fuerte gravedad de Júpiter ayudó a que eso no pasara. Una nave puede cruzar el cinturón sin andar zigzagueando entre rocas. Nuestra nave de luz podría ir derechito hacia la siguiente postal, viendo apenas unas cuantas rocas brillar a lo lejos.

Donde los planetas crecen enormes

Hielo y gas giran alrededor de planetas gigantes que se están formando, muy lejos del Sol joven.

Más allá del cinturón de asteroides, el sistema solar recién nacido era tan frío que el hielo no se derretía. Eso quería decir más material para construir: hielo, roca y gas. La gravedad lo juntó todo, y los planetas de por aquí crecieron muchísimo. Desde este país helado de gigantes, nuestra navecita de luz manda una postal a casa.

La gran tormenta roja de Júpiter

La Gran Mancha Roja gira entre las nubes rayadas de Júpiter, junto a una Tierra chiquita para comparar tamaños.

Júpiter es el planeta más grande del sistema solar. Si fuera una pelota hueca, le cabrían adentro unas mil Tierras. Sus nubes de rayas son capas de atmósfera que corren en direcciones distintas. Y luego está la Gran Mancha Roja: una tormenta gigante que da vueltas y vueltas, más ancha que la Tierra, y que lleva cientos de años rugiendo. Piensa en un huracán, pero tan enorme que nuestro planeta entero cabría a lo ancho. Ah, y en Júpiter no podrías aterrizar: no tiene suelo firme. Debajo de las nubes, su atmósfera se va poniendo cada vez más espesa.

Los anillos casi invisibles de Saturno

Los anillos de Saturno se ven como una línea delgada de lado, mientras pedazos sueltos de hielo giran cerca.

De lejos, los anillos de Saturno parecen aros brillantes y sólidos. Pero no son ni caminos ni láminas. Son incontables pedazos sueltos de hielo de agua, y cada uno da vueltas alrededor de Saturno como si fuera una lunita. Los anillos llegan hasta unos 282 mil kilómetros, o 175 mil millas, de Saturno. ¡Y en muchas partes miden apenas unos 10 metros, o 30 pies, de grueso! Eso es menos que la altura de una casa. ¿Cómo algo puede ser tan ancho y tan delgado? Imagina una pista de hielo gigante y brillante vista justo de canto: casi desaparece en una rayita. La gravedad de Saturno mantiene esos pedazos girando para que no se escapen.

Urano rueda de lado

Urano, inclinado de lado, viaja alrededor de un Sol lejano con un polo iluminado y el otro a oscuras.

Casi todos los planetas giran como trompos, apenas un poquito inclinados. Urano no: su eje, la línea invisible que pasa por sus polos, está inclinado unos 98 grados. ¡Va casi acostado mientras le da la vuelta al Sol! Imagina que llevas una pelota alrededor de una lámpara, con la punta norte de la pelota apuntando hacia la luz. Durante parte de su largo viaje, un polo de Urano mira al Sol y el otro se queda a oscuras. Por eso sus inviernos polares pueden durar 21 años. Su color azul verdoso viene de gases de su atmósfera que se tragan algunos colores de la luz del Sol. Tan lejos del Sol, Urano parece un mundo frío y tranquilo, pero con una inclinación de lo más sorprendente.

Las nubes azules y veloces de Neptuno

La diminuta nave de luz flota sobre las nubes azules y arremolinadas de Neptuno, junto a un avión a reacción tenue para comparar.

En el octavo planeta, la luz del Sol llega muy débil, pero el clima de Neptuno es de todo menos tranquilo. Desde nuestra navecita, vas a pasar rozando un mundo de nubes azules donde los vientos corren más rápido que un avión a reacción. Después, las últimas postales viajan todavía más lejos: hacia el helado Plutón, un cinturón de mundos pequeños y una nave que lleva un saludo de la Tierra.

Plutón también lleva su estampilla

La navecita de luz flota sobre la zona brillante con forma de corazón de Plutón, bajo un Sol diminuto y lejano.

Plutón es un planeta enano: un mundo redondo que gira alrededor del Sol, pero que no ha limpiado su camino de otros objetos cercanos. ¡Eso no lo hace menos interesante! Mide apenas una quinta parte del ancho de la Tierra, y aun así tiene montañas, llanuras de hielo y una zona brillante con forma de corazón. Hasta aquí, un rayo de sol tarda unas 5.5 horas en llegar. Al mediodía, el Sol se vería chiquito y débil, pero seguiría ahí. Y el sistema solar no se acaba en Neptuno: más allá está el cinturón de Kuiper, una zona lejanísima de restos helados donde viven Plutón y muchos otros mundos pequeños.

El saludo dorado de la Voyager

La Voyager 1 avanza por el espacio oscuro con su Disco de Oro brillando cálidamente.

Mucho más allá de los planetas viaja la Voyager 1, el objeto más lejano que ha construido el ser humano. Es una nave robot, hecha por personas para explorar lugares adonde nadie puede ir. Lleva a bordo el Disco de Oro, un disco dorado parecido a los viejos discos de música. Guarda saludos en 55 idiomas, además de música, imágenes y sonidos de la Tierra: olas, truenos y mucho más. ¡Es como una cápsula del tiempo con forma de postal de todo nuestro planeta! La Voyager ya llegó al espacio interestelar, el espacio entre las estrellas, más allá de la burbuja protectora del Sol. Su viaje es frío y silencioso, pero su disco dice algo muy cálido: la Tierra estuvo aquí y quiso saludar.

Manda una postal al cielo

Un niño y un adulto dibujan juntos una postal del cielo nocturno bajo las estrellas, en el patio de su casa.

Haz una postal del cielo y luego sal a ver el cielo de verdad con un adulto.

Pon a prueba tu asombro

Palabras nuevas

Dónde investigamos

Para escribir este libro consultamos fuentes de internet de la NASA y otros conocimientos bien comprobados de las ciencias del espacio.

Fin

Viajaste desde el plasma brillante del Sol hasta los mundos helados más allá de Neptuno, y aprendiste cómo la gravedad, la luz, el aire, el calor y los choques le dan forma a cada lugar. También sabes que la postal azul de la Tierra, con sus océanos, es muy especial, y que la Voyager lleva un pequeño saludo de casa hacia la oscuridad. Sigue mirando hacia arriba y preguntándote qué otras historias nos quiere contar el cielo.

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