Cuando se enciende el cielo
Sigue el aliento del Sol hasta las luces danzarinas de la Tierra. ¿Qué parte del aliento del Sol vuela esta noche hacia nuestro cielo?
21 pages · Ages 8-10 · ES
Cuando se enciende el cielo

Cuando se enciende el cielo
Para cada niño y cada niña que mira hacia arriba y se pregunta por qué.
Lo que vas a encontrar
El Sol manda un secreto El escudo empieza a brillar Las luces tienen muchos hogares
El Sol nunca se está quieto

Las luces del norte y del sur no nacen en un campo nevado. Nacen muy lejos, en el Sol. Desde la Tierra nuestra estrella parece tranquila, pero su superficie se retuerce, hierve y lanza material al espacio. Sigue conmigo ese viaje secreto y descubrirás por qué el cielo de la Tierra puede brillar.
Un viento de chispitas

El Sol suelta sin parar lo que llamamos viento solar. Pero no es un viento como el que te despeina. Es una corriente de partículas cargadas: trocitos diminutos de materia con carga eléctrica que viajan por el espacio. Piensa en las pavesas que salen volando de una fogata, solo que estas son tan pequeñas que no se ven y llegan mucho más allá de los planetas cercanos. La corriente sale del Sol en todas direcciones, y la Tierra está metida en ella todo el tiempo. Casi todos los días, el escudo magnético invisible de nuestro planeta se encarga de ella con calma.
Cuando el Sol lanza una tormenta

A veces el Sol manda muchísimo más que su viento de siempre. Desde su atmósfera exterior puede salir disparada una nube gigante. Los científicos la llaman eyección de masa coronal, o CME: una enorme nube en movimiento de plasma, un gas calentísimo con carga eléctrica, que arrastra campos magnéticos. Imagina el soplido de un diente de león y, al lado, un montón de semillas soltadas de golpe. Una CME puede cargar unos mil millones de toneladas de plasma y moverse a más o menos un millón y medio de kilómetros por hora. Pero no siempre apunta hacia la Tierra. Para que haya auroras, el material del Sol y sus campos magnéticos tienen que llegar de la manera justa.
Por la oscuridad hasta la Tierra

El espacio es inmenso, hasta para partículas veloces. Si una CME viene hacia nosotros, puede llegar en unas pocas horas o tardar cerca de tres días. Parece rápido, pero imagínate cruzar la oscuridad entre los mundos sin una sola carretera. La nube se va abriendo y cambiando por el camino. Los científicos vigilan el Sol y las mediciones de las naves espaciales para saber si una tormenta solar se va a encontrar con la Tierra. Por eso, una erupción brillante en el Sol no significa que esta noche haya auroras. Primero, su material y sus campos magnéticos tienen que llegar a nuestro planeta bien acomodados.
La burbuja invisible de la Tierra

La Tierra funciona un poco como un imán gigante, un imán que no se ve. Su campo magnético llega hasta el espacio y forma una región protectora llamada magnetosfera. Cuando llega el viento solar, gran parte se desvía alrededor de esta burbuja, como el agua de un arroyo que se parte al chocar con una piedra lisa. Del lado que mira al Sol, la burbuja se aprieta contra la Tierra. Del lado contrario, se estira en una larga cola magnética. Este escudo no detiene todas las partículas. Más adelante verás cómo algunas se guían hacia los cielos de los polos, muy arriba, sin caer nunca al suelo.
Donde el escudo tiene puertas

El escudo magnético de la Tierra no es una muralla sólida. Es más bien como un enorme conjunto de toboganes invisibles que se curvan por el espacio. Cerca de los polos magnéticos, unos electrones veloces se deslizan por esos toboganes. Y entonces el aire altísimo empieza a brillar. Ahora vas a descubrir por qué las luces más hermosas del cielo se reúnen en anillos en los extremos de nuestro planeta.
Por los toboganes magnéticos

Imagina la Tierra envuelta en toboganes invisibles, como los de un parque. Son las líneas del campo magnético: caminos curvos que dibuja el magnetismo de la Tierra. Los electrones con mucha energía, diminutas partículas con carga eléctrica, giran en espiral siguiéndolos en vez de ir en línea recta. Esos caminos se doblan hacia los dos polos magnéticos. Allí, muchísimos electrones entran en la atmósfera alta, en anchas zonas con forma de anillo llamadas óvalos aurorales. Así que las luces no aparecen solo en el Polo Norte: un óvalo igualito rodea también el polo sur magnético.
Choque, calma, brillo

Al final de su viaje magnético, los electrones llegan a la atmósfera alta. Un electrón puede chocar con un átomo de oxígeno o de nitrógeno. Ese golpecito le da al átomo un poco de energía extra, como una campana que alguien sacude y que guarda un tintineo diminuto. Los científicos dicen que el átomo está excitado. Pero no puede guardar esa energía para siempre. Cuando se calma, suelta una chispita de luz. Millones y millones de átomos haciendo lo mismo forman una cortina tan brillante que la vemos desde el suelo. Esas partículas de colores no caen: lo que hacen es encender el aire.
Por qué gana el verde

El verde es el color de aurora que verás con más frecuencia. Casi siempre viene del oxígeno, a unos 100 kilómetros de altura. ¡Mucho más arriba de donde vuelan los aviones, casi en el borde del espacio! Entre los 100 y los 200 kilómetros, el oxígeno suele tener justo lo que necesita para soltar luz verde después de un choque con un electrón. Piensa en el cielo como una pantalla de lámpara gigante y finita: la luz nace dentro de ella, no está pintada por fuera. La cortina parece cercana, pero está asombrosamente lejos, allá arriba.
Rojo arriba, morado abajo

Los colores de la aurora nos dan pistas de dónde está el aire que brilla. El oxígeno que está por encima de unos 200 kilómetros puede hacer un resplandor rojo, ancho y débil. Más abajo, en la cortina, el nitrógeno puede añadir azules y morados. A veces los colores se mezclan, como la luz que atraviesa capas de cristal de colores. Pero ojo: los gases no están teñidos de rojo, verde ni morado. Cada gas suelta ciertos colores cuando los electrones lo golpean. Si miras una aurora de verdad con atención, quizá veas la parte de arriba roja, el centro verde y los flecos de abajo violeta y azulados: un solo espectáculo, hecho por distintos gases del aire.
Las coronas gemelas del planeta

Has seguido las luces desde el Sol hasta el aire alto de la Tierra. Ahora aléjate, muy, muy lejos. Nuestro planeta puede llevar dos coronas brillantes a la vez: una alrededor de cada polo magnético. Vas a conocer historias del cielo, a visitar auroras gigantes en otros mundos y a preparar tu propio plan, tranquilo, para mirar la noche.
Fuegos de zorro, cuentos del cielo

Desde hace muchísimo tiempo, la gente mira las auroras y les inventa historias para explicar su misterio. En Finlandia, las luces del norte se llaman revontulet, que significa «fuegos de zorro». Cuenta una leyenda finlandesa que un zorro ártico barría con su cola la nieve o las montañas y lanzaba chispas al cielo. ¡Qué imagen para llevarse a una noche fría! La ciencia cuenta otra clase de historia: partículas del espacio chocan con el oxígeno y el nitrógeno allá arriba, y esos gases se ponen a brillar. El cuento comparte el asombro; la ciencia comprueba cómo ocurre el brillo. Los dos empiezan igual: con alguien que mira hacia arriba con mucha atención.
Luces más grandes en el sistema solar

Cómo atrapar el momento en que el cielo se enciende

Prepara con una persona adulta una noche tranquila y paciente para buscar auroras.
Comprueba tu asombro
Palabras nuevas
Dónde buscamos
Para hacer este libro consultamos recursos científicos de la NASA y de la NOAA, entre ellos la información del Centro de Predicción del Clima Espacial sobre el Sol, la magnetosfera de la Tierra y las auroras.
Fin
Ahora ya sabes que el cielo se enciende cuando trabajan juntos el Sol, el escudo magnético de la Tierra y el aire de las alturas. Sabes que esos colores brillantes son gases que resplandecen muy por encima del suelo, alrededor de los dos polos. Sigue mirando hacia arriba, y sigue preguntándote qué fuerzas invisibles estarán trabajando sobre tu cabeza.