La Abuela y la Vada Saltarina

Una abuela y su nieto Kanna descubren que la vada recién frita tiene vida propia: salta, rueda y se esconde por toda la casa antes de revelar su ingrediente secreto más delicioso.

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Published 2026-05-23T12:45:07.966163

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Story

La Abuela y la Vada Saltarina

En la cocina de la abuela, el aceite hacía shhhh en la sartén amarilla. Burbujas grandes, burbujas chiquitas. La abuela tomó un poco de masa, la hizo redondita con un hoyito en el centro, y la dejó caer suavemente: ¡plop! Y entonces… pasó algo muy especial. Esa no era una vada cualquiera. Era una Vada Saltarina. En cuanto salió doradita del aceite, ¡tup-tup-boing!, empezó a brincar sola encima del plato. Kanna estaba asomado a la puerta de la cocina con los ojos bien abiertos. «¡Abuela, la vada está saltando!», gritó emocionado. La abuela se rio con ganas. «Claro, Kanna, ¡esta es nuestra vada especial! Parece que quiere conocer toda la casa.»

La vada rodó como una ruedita hasta el salón. ¡Boing! Saltó al sofá, rebotó en un cojín suavecito, y luego siguió rodando hasta el cuarto de Kanna. Allí encontró el camión de juguete de Kanna y ¡hop!, se subió encima como si fuera de paseo. «¡Tup-tup-boing!», cantaban Kanna y la abuela mientras corrían detrás de ella dando palmadas. ¡Qué risa tan grande! La vada llegó hasta la puerta del jardín, miró al loro verde que colgaba allí, como diciéndole hola, y luego ¡boing!, volvió saltando a la cocina. La abuela sacó otra vada de la sartén. «Mira, Kanna, esta también es tremenda, ¡igualita que tú!»

Pero la vada tenía una regla muy graciosa: solo tendría sabor después de dar una vuelta completa por toda la casa, eso decía la abuela. La vada fue derecha a la mesita de Kanna y se sentó allí tan tranquila. Kanna se acercó a tocarla… ¡y la vada pegó un brinco y fue a esconderse dentro de la cuna de la abuela! «¿Dónde está? ¿Dónde se metió?», preguntó Kanna buscando por todos lados. De pronto llegó un olor. Un olor rico, crujiente, a vada de lentejas. Kanna se acercó a la cuna, levantó la mantita, y allí estaba la vada, acurrucadita y en reposo. «Ya está cansada, Kanna», dijo la abuela suavecito. «Por eso descansa un ratito.»

Kanna la recogió con mucho cuidado y la llevó de vuelta a la cocina. La abuela había preparado un vasito con chutney blanco bien fresquito. «¡Esto es la piscina de la vada!», dijo la abuela, y la hundió despacio: ¡chup! La vada se quedó quieta por fin, oliendo de maravilla. Ya no saltaba. Solo estaba ahí, doradita y lista. Kanna la miraba con una sonrisa enorme.

Kanna le dio un mordisquito y abrió los ojos muy grandes. «Abuela, ¡qué rica está!» La abuela lo abrazó fuerte, fuerte. «¿Sabes cuál es el ingrediente secreto, Kanna? Tu risa. Cada vez que te reíste corriendo detrás de ella, la vada se fue llenando de alegría.» Kanna se rio otra vez, ¡claro que sí! Y juntos, la abuela y Kanna, se comieron la vada saltarina hasta el último trocito, y esa noche se durmieron los dos muy contentos.

Scenes

¡La vada salta sola!

¡La vada salta sola! illustration for La Abuela y la Vada Saltarina

El aceite de la sartén amarilla hacía shhhh y la abuela dejó caer la vada redondita: ¡plop! De repente, la vada salió dorada y empezó a brincar sola: ¡tup-tup-boing! Kanna, asomado a la puerta, abrió los ojos como platos.

¡Al camión de Kanna!

¡Al camión de Kanna! illustration for La Abuela y la Vada Saltarina

La vada rodó hasta el salón, saltó al sofá, rebotó en el cojín y llegó al cuarto de Kanna, donde se subió al camión de juguete. Kanna y la abuela corrían detrás dando palmadas y cantando: ¡tup-tup-boing!

Escondida en la cuna

Escondida en la cuna illustration for La Abuela y la Vada Saltarina

Kanna buscaba la vada por todos lados. De repente llegó un olor crujiente y rico. La encontró acurrucada dentro de la cuna de la abuela, descansando debajo de la mantita.

La piscina de chutney

La piscina de chutney illustration for La Abuela y la Vada Saltarina

Kanna llevó la vada con cuidado a la cocina. La abuela tenía listo un vasito de chutney blanco fresquito. «¡Esta es su piscina!», dijo, y la hundió suavemente: ¡chup! La vada quedó quieta, dorada y perfecta.

El ingrediente secreto

El ingrediente secreto illustration for La Abuela y la Vada Saltarina

Kanna dio un mordisquito y sonrió enorme. La abuela lo abrazó bien fuerte y le susurró: «El ingrediente secreto es tu risa, Kanna. Cada carcajada llenó la vada de alegría.» Y juntos la terminaron, felices, antes de dormirse.