Leo y la Ballena Dinosaurio Azul

Cuando la pelota de Leo cae al lago, aparece una criatura mágica y gentil que lleva a tres amigos en una aventura increíble hasta la mismísima Antártida y de vuelta a casa.

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Published 2026-05-23T14:00:28.370639

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Story

Leo y la Ballena Dinosaurio Azul

Leo pateó la pelota con todas sus fuerzas. Con demasiadas fuerzas.

Salió volando por encima de los árboles grandotes — esos tan altos que sus hojas rozaban las nubes — cruzó el campo de un lado al otro y cayó en el lago con un tremendo ¡PLAAAS!

—Ay, ay, ay —dijo Leo. —Ay, ay, ay —dijo Mia. —Ay, ay, ay —dijo el pequeño Theo, que siempre hablaba el último.

Los tres corrieron hasta la orilla y miraron el agua. La pelota flotaba lejos, casi en el centro del lago. Pero había algo más. Algo grande. Algo con bolitas y bultos. Algo que muy despacio, muy despacio, se fue dando vuelta.

—¿Será un pez? —susurró Mia. —¿Será una roca? —susurró Theo. —Yo creo —dijo Leo, despacito— que eso es una ballena dinosaurio.

¡Y tenía razón! Tenía un cuello largo y elegante como el de un dinosaurio y un lomo ancho y redondo como el de una ballena, y un ojo enorme y bueno que los miró — parpadeo, parpadeo, parpadeo.

La ballena dinosaurio tenía el lomo verde como el musgo del bosque, con pequeñas manchitas blancas por todas partes. Nadó derechito hacia ellos con la pelota de Leo balanceada suavemente en la punta de su hocico. La dejó caer a los pies de Leo. Y los miró — parpadeo, parpadeo, parpadeo — como si estuviera esperando algo.

Leo miró a Mia. Mia miró a Theo. Theo miró a la ballena dinosaurio.

Entonces, con mucho cuidado, los tres treparon sobre ese lomo ancho, tibio y lleno de bolitas.

Y se fueron.

El lago se abrió en un río azul y ancho, el río se abrió en el océano brillante, y el océano se extendió y se extendió hasta que el aire se volvió frío y chispeante. Pequeños copos de nieve les cayeron en la nariz. Alrededor de ellos flotaban enormes bloques de hielo azul y brillante, con pingüinos gorditos encima que iban — tumbos y más tumbos.

¡La Antártida! ¡La Antártida de verdad! Theo se rió tanto que se cayó de lado sobre el lomo de la ballena dinosaurio, y ella hizo un sonido profundo y ronroneante, feliz — como un zumbido, un ronroneo y una risita juntos.

Los pingüinos los saludaron con las alitas. Leo les devolvió el saludo.

Después, la ballena dinosaurio se dio vuelta despacito y los llevó de vuelta a casa — de regreso por el océano chispeante, de regreso por el río azul y ancho, de regreso por los árboles grandotísimos — y los empujó suavito hasta dejarlos sobre el pasto verde y blando junto al campo de fútbol.

Leo recogió su pelota. Todavía estaba un poquito mojada.

—¿Mañana de nuevo? —dijo Mia.

Parpadeo, parpadeo, parpadeo.

Scenes

¡Ay, ay, ay!

¡Ay, ay, ay! illustration for Leo y la Ballena Dinosaurio Azul

Leo pateó la pelota con todas sus fuerzas. Con demasiadas fuerzas. Salió disparada por encima de los árboles grandotes — tan altos que sus hojas rozaban las nubes — cruzó volando el campo y cayó en el lago con un tremendo ¡PLAAAS! «Ay, ay, ay», dijo Leo. «Ay, ay, ay», dijo Mia. «Ay, ay, ay», dijo el pequeño Theo, que siempre hablaba el último.

Grande, con bultos, y que se da vuelta

Grande, con bultos, y que se da vuelta illustration for Leo y la Ballena Dinosaurio Azul

Los tres corrieron hasta la orilla y miraron el agua. La pelota flotaba lejos, casi en el centro. Pero había algo más. Algo grande. Algo con bultos y bolitas. Algo que muy despacio, muy despacio, se fue dando vuelta.

Parpadeo, parpadeo, parpadeo

Parpadeo, parpadeo, parpadeo illustration for Leo y la Ballena Dinosaurio Azul

Tenía un cuello largo como el de un dinosaurio y un lomo ancho como el de una ballena, y un ojo enorme y bueno que los miraba — parpadeo, parpadeo, parpadeo. Nadó derechito hacia ellos con la pelota de Leo en la punta de su hocico y la dejó caer suavito a sus pies, como si estuviera esperando.

Tumbos, nieve y pingüinos gorditos

Tumbos, nieve y pingüinos gorditos illustration for Leo y la Ballena Dinosaurio Azul

Con mucho cuidado, los tres treparon sobre ese lomo ancho, tibio y lleno de bolitas. Se fueron por el río azul y ancho, luego por el océano brillante, hasta que el aire se volvió frío y chispeante y pequeños copos de nieve les cayeron en la nariz. ¡La Antártida de verdad! Pingüinos gorditos hacían tumbos sobre bloques de hielo azul. Theo se rió tanto que se cayó de lado, y la ballena dinosaurio ronroneó de felicidad.

De vuelta a casa en el lomo tibio

De vuelta a casa en el lomo tibio illustration for Leo y la Ballena Dinosaurio Azul

La ballena dinosaurio los llevó de vuelta a casa — de regreso por el océano chispeante, de regreso por el río azul, de regreso por los árboles grandotísimos — y los empujó suavito hasta dejarlos sobre el pasto verde junto al campo. Leo recogió su pelota. Todavía estaba un poquito mojada. «¿Mañana de nuevo?», dijo Mia. Parpadeo, parpadeo, parpadeo.