El gato Garbanzo busca su cama

Cuento corto para dormir para niños de 3 y 4 años: el gato Garbanzo prueba el cesto, una caja y la cuna de la muñeca hasta encontrar la cama perfecta.

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Published 2026-10-11T07:23:13.696041

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Story

En un piso de Madrid, Martina ya llevaba puesto el pijama. —¡A dormir, Garbanzo! —dijo. Garbanzo, su gato naranja y blanco, bostezó con una boca enorme: —Miaaau. Pero ¿dónde iba a dormir esta noche? Garbanzo levantó la cola y se fue a buscar.

Primero encontró el cesto de la ropa limpia. ¡Qué blandito! ¡Qué calentito! Garbanzo se metió dentro y cerró los ojos... —¡Garbanzo, que es la ropa limpia! —dijo papá, riéndose. Garbanzo salió de un salto, con un calcetín colgando de la oreja.

Después encontró una caja de zapatos. A los gatos les encantan las cajas. Garbanzo metió una pata, luego la otra, luego la barriga... Pero la cola se quedaba fuera. Y las orejas también. —Miau —protestó Garbanzo. ¡Demasiado pequeña!

Luego probó la cuna de la muñeca de Martina. Se tumbó con cuidado, muy estirado... Pero las patas de atrás le colgaban por un lado y la cabeza por el otro. La muñeca parecía mirarlo muy seria. Garbanzo bajó. Ese tampoco era su sitio.

Desde su cama, Martina lo llamó bajito: —Garbanzo... ven. Aquí. Y dio unas palmaditas en la manta, justo a sus pies. Garbanzo levantó las orejas. Subió de un saltito a la cama y olió la manta. Olía a Martina.

Garbanzo dio una vuelta, dos vueltas, tres vueltas... y se hizo una bolita redonda, redonda, como un garbanzo. —Rrrr, rrrr —ronroneó. Martina sonrió y cerró los ojos. Por fin, Garbanzo había encontrado la cama perfecta: la que estaba al lado de alguien que lo quería. Buenas noches, Garbanzo.

Scenes

Hora de dormir

En un piso de Madrid, Martina ya llevaba puesto el pijama. —¡A dormir, Garbanzo! —dijo. Garbanzo, su gato naranja y blanco, bostezó con una boca enorme: —Miaaau. Pero ¿dónde iba a

En un piso de Madrid, Martina ya llevaba puesto el pijama. —¡A dormir, Garbanzo! —dijo. Garbanzo, su gato naranja y blanco, bostezó con una boca enorme: —Miaaau. Pero ¿dónde iba a dormir esta noche? Garbanzo levantó la cola y se fue a buscar.

El cesto de la ropa

Primero encontró el cesto de la ropa limpia. ¡Qué blandito! ¡Qué calentito! Garbanzo se metió dentro y cerró los ojos... —¡Garbanzo, que es la ropa limpia! —dijo papá, riéndose. Ga

Primero encontró el cesto de la ropa limpia. ¡Qué blandito! ¡Qué calentito! Garbanzo se metió dentro y cerró los ojos... —¡Garbanzo, que es la ropa limpia! —dijo papá, riéndose. Garbanzo salió de un salto, con un calcetín colgando de la oreja.

Una caja de zapatos

Después encontró una caja de zapatos. A los gatos les encantan las cajas. Garbanzo metió una pata, luego la otra, luego la barriga... Pero la cola se quedaba fuera. Y las orejas ta

Después encontró una caja de zapatos. A los gatos les encantan las cajas. Garbanzo metió una pata, luego la otra, luego la barriga... Pero la cola se quedaba fuera. Y las orejas también. —Miau —protestó Garbanzo. ¡Demasiado pequeña!

La cuna de la muñeca

Luego probó la cuna de la muñeca de Martina. Se tumbó con cuidado, muy estirado... Pero las patas de atrás le colgaban por un lado y la cabeza por el otro. La muñeca parecía mirarl

Luego probó la cuna de la muñeca de Martina. Se tumbó con cuidado, muy estirado... Pero las patas de atrás le colgaban por un lado y la cabeza por el otro. La muñeca parecía mirarlo muy seria. Garbanzo bajó. Ese tampoco era su sitio.

Ven, Garbanzo

Desde su cama, Martina lo llamó bajito: —Garbanzo... ven. Aquí. Y dio unas palmaditas en la manta, justo a sus pies. Garbanzo levantó las orejas. Subió de un saltito a la cama y ol

Desde su cama, Martina lo llamó bajito: —Garbanzo... ven. Aquí. Y dio unas palmaditas en la manta, justo a sus pies. Garbanzo levantó las orejas. Subió de un saltito a la cama y olió la manta. Olía a Martina.

Como un garbanzo

Garbanzo dio una vuelta, dos vueltas, tres vueltas... y se hizo una bolita redonda, redonda, como un garbanzo. —Rrrr, rrrr —ronroneó. Martina sonrió y cerró los ojos. Por fin, Garb

Garbanzo dio una vuelta, dos vueltas, tres vueltas... y se hizo una bolita redonda, redonda, como un garbanzo. —Rrrr, rrrr —ronroneó. Martina sonrió y cerró los ojos. Por fin, Garbanzo había encontrado la cama perfecta: la que estaba al lado de alguien que lo quería. Buenas noches, Garbanzo.

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Lee despacio, pausa en cada imagen y baja la voz en el último párrafo.