Una cobija para Inti
Cuento corto para dormir, para niños de 3 y 4 años: en las montañas de Ecuador, el abuelito de Inti le teje en su telar una cobija nueva, hilo por hilo.
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Published 2026-10-12T07:14:10.091060

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Story
En una casita de las montañas de Ecuador, las noches son frías. Inti se tapó los pies con su cobija… y se le destaparon los hombros. Se tapó los hombros… y se le salieron los pies. —¡Achachay, qué frío! —dijo Inti. El abuelito se rió bajito desde la puerta. —Es que creciste, guagua. Esa cobija ya te queda chiquita.
A la mañana siguiente, el abuelito llevó a Inti a su telar: un marco grande de madera con muchos hilos largos, estirados como cuerdas de guitarra. —Vamos a tejer una cobija nueva, del tamaño de un guagua que crece. ¿De qué colores la quieres? Inti escogió tres ovillos de lana: —Azul, como el cielo. Amarillo, como el choclo. Y rojo, como mi chompa.
El abuelito pisó un pedal, y los hilos se abrieron como una boquita. Pasó la lanzadera de madera por en medio, de un lado al otro, e Inti la recibió con las dos manos. Luego el abuelito jaló el peine hacia él: ¡tac-tac! —Pasa el hilo, aprieta: tac-tac —cantaba el abuelito. —¡Tac-tac! —cantaba Inti.
Cada tarde, la tela de colores crecía un poquito en el telar. Primero fue del largo de la mano de Inti. Después, del largo de su brazo. —¿Ya está, abuelito? —preguntaba Inti, suspirando. —Ya mismo, guagua —decía el abuelito—. Hilo por hilo.
Y una tarde, por fin, el abuelito cortó los hilos y bajó la cobija del telar. Ató los flecos de las puntas, nudito por nudito. Inti se acostó encima y estiró los brazos y los pies. —¡Es más larga que yo! —gritó, feliz. Azul, amarillo y rojo, de la cabeza a los pies.
Esa noche, Inti se tapó con su cobija nueva: los pies, adentro; los hombros, adentro. ¡Nada de achachay! Y la cobija chiquita tampoco se quedó sola: ahora era la camita de la gata Michi, que cabía enterita. —Buenas noches, abuelito. Buenas noches, Taita Imbabura —susurró Inti, mirando el volcán por la ventana. Y pensando en el tac-tac del telar, se quedó dormido, calientito.
Scenes
Una cobija chiquita

En una casita de las montañas de Ecuador, las noches son frías. Inti se tapó los pies con su cobija… y se le destaparon los hombros. Se tapó los hombros… y se le salieron los pies. —¡Achachay, qué frío! —dijo Inti. El abuelito se rió bajito desde la puerta. —Es que creciste, guagua. Esa cobija ya te queda chiquita.
Los colores de Inti

A la mañana siguiente, el abuelito llevó a Inti a su telar: un marco grande de madera con muchos hilos largos, estirados como cuerdas de guitarra. —Vamos a tejer una cobija nueva, del tamaño de un guagua que crece. ¿De qué colores la quieres? Inti escogió tres ovillos de lana: —Azul, como el cielo. Amarillo, como el choclo. Y rojo, como mi chompa.
Tac-tac

El abuelito pisó un pedal, y los hilos se abrieron como una boquita. Pasó la lanzadera de madera por en medio, de un lado al otro, e Inti la recibió con las dos manos. Luego el abuelito jaló el peine hacia él: ¡tac-tac! —Pasa el hilo, aprieta: tac-tac —cantaba el abuelito. —¡Tac-tac! —cantaba Inti.
Ya mismo

Cada tarde, la tela de colores crecía un poquito en el telar. Primero fue del largo de la mano de Inti. Después, del largo de su brazo. —¿Ya está, abuelito? —preguntaba Inti, suspirando. —Ya mismo, guagua —decía el abuelito—. Hilo por hilo.
¡Más larga que yo!

Y una tarde, por fin, el abuelito cortó los hilos y bajó la cobija del telar. Ató los flecos de las puntas, nudito por nudito. Inti se acostó encima y estiró los brazos y los pies. —¡Es más larga que yo! —gritó, feliz. Azul, amarillo y rojo, de la cabeza a los pies.
Calientito

Esa noche, Inti se tapó con su cobija nueva: los pies, adentro; los hombros, adentro. ¡Nada de achachay! Y la cobija chiquita tampoco se quedó sola: ahora era la camita de la gata Michi, que cabía enterita. —Buenas noches, abuelito. Buenas noches, Taita Imbabura —susurró Inti, mirando el volcán por la ventana. Y pensando en el tac-tac del telar, se quedó dormido, calientito.
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