La ofrenda de la bisabuela Lupita

Un cuento de Día de Muertos para niños de 4 y 5 años: Emilia pone la ofrenda con su abuela y conoce a su bisabuela Lupita a través de sus cosas favoritas.

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Published 2026-10-07T07:28:30.268062

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Story

En casa de la abuela, todos estaban poniendo la ofrenda de Día de Muertos. La abuela colocó en el centro una foto: una señora con sombrero de paja, riéndose a carcajadas. —¿Quién es ella? —preguntó Emilia. —Es mi mamá, tu bisabuela Lupita —dijo la abuela—. Murió hace muchos años, antes de que tú nacieras. Hoy la vamos a recordar.

Emilia miró la foto un buen rato. —Pero yo no la conocí —dijo bajito—. No sé cómo era. La abuela le apretó la mano. —Vamos a poner en la ofrenda las cosas que más le gustaban. Ya verás: ellas te van a contar.

Primero, las flores. Mamá llegó con los brazos llenos de cempasúchil, naranja como el sol. —A Lupita le encantaba su jardín —dijo la abuela—. Cada año sembraba cempasúchil, y siempre traía las manos llenas de tierra. Emilia olió las flores. ¡Qué olor tan fuerte! —Entonces le gustaban las plantas, como a mí —dijo, y acomodó un ramo junto a la foto.

Luego, la comida. La abuela puso un plato de tamales de dulce, rosados y con pasitas. —Eran sus favoritos —dijo—. Se comía uno en el desayuno, y luego siempre decía: “¡Bueno, uno más y ya!”. Emilia se rio. —¡A mí también me gustan los de dulce!

Del ropero, la abuela sacó un rebozo azul, suavecito y con flecos largos, y se lo puso a Emilia sobre los hombros. —Con este rebozo me arrullaba mi mamá cuando yo era chiquita —dijo—. Y me cantaba así: “A la rorro, niña, a la rorro ya…” Emilia se envolvió en el rebozo. Olía a ropero y a flores. Era como un abrazo.

Por último, Emilia y la abuela hicieron un camino de pétalos naranjas, desde la puerta hasta la ofrenda. —Dicen que el color y el olor de las flores le enseñan el camino —dijo la abuela. Mamá encendió las velas, y Emilia las miró desde lejos, sentada en las piernas de la abuela. Miró todo: las flores del jardín, los tamales de dulce, el rebozo azul. —Ya la conozco un poquito —dijo—. Pero ella no me conoce a mí.

Entonces Emilia sacó sus colores y dibujó a toda la familia: a mamá, a la abuela y a ella misma, con sus dos trenzas. Alrededor dibujó muchas flores naranjas. Puso el dibujo en la ofrenda, junto a la foto. —Para que sepa quién soy —dijo. A la abuela le brillaron los ojos, pero estaba sonriendo. La abrazó fuerte, fuerte.

Esa noche, la familia se sentó cerca de la ofrenda a comer pan de muerto y a contar historias de Lupita. Emilia las escuchó todas, envuelta en el rebozo azul, hasta que se le cerraron los ojos. La abuela la arrulló despacito, como su mamá la arrullaba a ella: “A la rorro, niña, a la rorro ya. Duérmete, mi niña, duérmete ya…” Y junto a las flores naranjas, la bisabuela Lupita seguía riéndose en su foto.

Scenes

Una foto en la ofrenda

En casa de la abuela, todos estaban poniendo la ofrenda de Día de Muertos. La abuela colocó en el centro una foto: una señora con sombrero de paja, riéndose a carcajadas. —¿Quién e

En casa de la abuela, todos estaban poniendo la ofrenda de Día de Muertos. La abuela colocó en el centro una foto: una señora con sombrero de paja, riéndose a carcajadas. —¿Quién es ella? —preguntó Emilia. —Es mi mamá, tu bisabuela Lupita —dijo la abuela—. Murió hace muchos años, antes de que tú nacieras. Hoy la vamos a recordar.

Yo no la conocí

Emilia miró la foto un buen rato. —Pero yo no la conocí —dijo bajito—. No sé cómo era. La abuela le apretó la mano. —Vamos a poner en la ofrenda las cosas que más le gustaban. Ya v

Emilia miró la foto un buen rato. —Pero yo no la conocí —dijo bajito—. No sé cómo era. La abuela le apretó la mano. —Vamos a poner en la ofrenda las cosas que más le gustaban. Ya verás: ellas te van a contar.

Flores de cempasúchil

Primero, las flores. Mamá llegó con los brazos llenos de cempasúchil, naranja como el sol. —A Lupita le encantaba su jardín —dijo la abuela—. Cada año sembraba cempasúchil, y siemp

Primero, las flores. Mamá llegó con los brazos llenos de cempasúchil, naranja como el sol. —A Lupita le encantaba su jardín —dijo la abuela—. Cada año sembraba cempasúchil, y siempre traía las manos llenas de tierra. Emilia olió las flores. ¡Qué olor tan fuerte! —Entonces le gustaban las plantas, como a mí —dijo, y acomodó un ramo junto a la foto.

Tamales de dulce

Luego, la comida. La abuela puso un plato de tamales de dulce, rosados y con pasitas. —Eran sus favoritos —dijo—. Se comía uno en el desayuno, y luego siempre decía: “¡Bueno, uno m

Luego, la comida. La abuela puso un plato de tamales de dulce, rosados y con pasitas. —Eran sus favoritos —dijo—. Se comía uno en el desayuno, y luego siempre decía: “¡Bueno, uno más y ya!”. Emilia se rio. —¡A mí también me gustan los de dulce!

El rebozo azul

Del ropero, la abuela sacó un rebozo azul, suavecito y con flecos largos, y se lo puso a Emilia sobre los hombros. —Con este rebozo me arrullaba mi mamá cuando yo era chiquita —dij

Del ropero, la abuela sacó un rebozo azul, suavecito y con flecos largos, y se lo puso a Emilia sobre los hombros. —Con este rebozo me arrullaba mi mamá cuando yo era chiquita —dijo—. Y me cantaba así: “A la rorro, niña, a la rorro ya…” Emilia se envolvió en el rebozo. Olía a ropero y a flores. Era como un abrazo.

El camino de pétalos

Por último, Emilia y la abuela hicieron un camino de pétalos naranjas, desde la puerta hasta la ofrenda. —Dicen que el color y el olor de las flores le enseñan el camino —dijo la a

Por último, Emilia y la abuela hicieron un camino de pétalos naranjas, desde la puerta hasta la ofrenda. —Dicen que el color y el olor de las flores le enseñan el camino —dijo la abuela. Mamá encendió las velas, y Emilia las miró desde lejos, sentada en las piernas de la abuela. Miró todo: las flores del jardín, los tamales de dulce, el rebozo azul. —Ya la conozco un poquito —dijo—. Pero ella no me conoce a mí.

Un dibujo para Lupita

Entonces Emilia sacó sus colores y dibujó a toda la familia: a mamá, a la abuela y a ella misma, con sus dos trenzas. Alrededor dibujó muchas flores naranjas. Puso el dibujo en la

Entonces Emilia sacó sus colores y dibujó a toda la familia: a mamá, a la abuela y a ella misma, con sus dos trenzas. Alrededor dibujó muchas flores naranjas. Puso el dibujo en la ofrenda, junto a la foto. —Para que sepa quién soy —dijo. A la abuela le brillaron los ojos, pero estaba sonriendo. La abrazó fuerte, fuerte.

A la rorro

Esa noche, la familia se sentó cerca de la ofrenda a comer pan de muerto y a contar historias de Lupita. Emilia las escuchó todas, envuelta en el rebozo azul, hasta que se le cerra

Esa noche, la familia se sentó cerca de la ofrenda a comer pan de muerto y a contar historias de Lupita. Emilia las escuchó todas, envuelta en el rebozo azul, hasta que se le cerraron los ojos. La abuela la arrulló despacito, como su mamá la arrullaba a ella: “A la rorro, niña, a la rorro ya. Duérmete, mi niña, duérmete ya…” Y junto a las flores naranjas, la bisabuela Lupita seguía riéndose en su foto.

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Lee despacio, pausa en cada imagen y baja la voz en el último párrafo.