La masa dormilona

Un cuento para dormir para niños de 4 y 5 años: en la panadería de su papá, Mateo acuesta la masa del pan de mañana y descubre que crece toda la noche.

Ages 3-4 - 4 minute read - gentle - ES

Reviewed for child-safety · gentle by design · How our stories are made

Published 2026-10-07T07:26:46.552939

Storybook cover for La masa dormilona

Read-aloud note

Lee despacio, pausa en cada imagen y baja la voz en el último párrafo.

Story

En la panadería de papá ya casi no quedaba pan: dos bolillos, una oreja y una concha rosa. Mateo barrió la harina del piso con su escoba chiquita y bostezó. —¿Ya nos vamos a casa, papá? —Todavía no —dijo papá—. Falta lo más importante: acostar a la masa. —¿Acostar a la masa? —Mateo abrió los ojos grandotes—. ¡Las masas no duermen!

Papá puso sobre la mesa un tazón enorme. Adentro había una bola de masa, blanca y redonda. Mateo la picó con un dedo. La masa se hundió… y despacito volvió a su lugar. —Parece una panza —se rio Mateo. —Esta masa tiene levadura —dijo papá—. La levadura está viva, pero es tan chiquita que no se ve. Mientras la masa descansa, la levadura hace burbujitas, y las burbujitas la inflan.

—¿Y cómo voy a saber si creció? —preguntó Mateo. Papá pasó la masa a un bote transparente y alto. Mateo ató una cinta roja alrededor del bote, justo a la altura de la masa. —Listo —dijo papá—. Mañana veremos si se quedó aquí abajo… o si se fue para arriba.

Mateo tapó el bote con un trapo de cuadros azules, como si fuera una cobija, y le dio dos palmaditas. —Buenas noches, masa. Papá guardó el bote en el refrigerador grande de la panadería. —¿No va a tener frío? —preguntó Mateo. —Le gusta el fresquito —dijo papá—. Así crece sin prisa, despacito, toda la noche.

La casa de Mateo estaba justo arriba de la panadería. Subió la escalera de la mano de papá, se puso la pijama y se metió en su cama. Mamá lo tapó con su cobija de cuadros azules, igualita a la de la masa. —Buenas noches, masa —susurró Mateo hacia el piso. Y se quedó dormido pensando en miles de burbujitas, inflando, inflando, despacito.

Muy temprano, cuando el cielo todavía estaba color de rosa, Mateo bajó corriendo… bueno, bajó con cuidado, de la mano de papá. Papá abrió el refrigerador grande. Mateo levantó el trapo de cuadros y… —¡Papá! ¡Creció muchísimo! La masa estaba gordita y redonda como una almohada, muy por encima de la cinta roja.

Papá hizo bolitas con la masa, y Mateo le ayudó a ponerles su cubierta de azúcar. Con el molde, Mateo les marcó las rayitas de concha: una, dos, tres… ¡doce conchas! Papá metió las charolas al horno. Mateo esperó del otro lado del mostrador, lejos del horno caliente. Al rato, toda la calle olía a pan. Papá le dio a Mateo la primera concha, calientita. —¿Sabes qué? —dijo papá—. Dicen que los niños también crecen mientras duermen. Poquito cada noche, tan poquito que no se ve.

Esa noche, Mateo fue el primero en decir: —¡Papá, vamos a acostar a la masa! Le ataron su cinta roja, la taparon con el trapo de cuadros y le dieron las buenas noches. Luego, Mateo subió a su cama, se tapó con su cobija de cuadros y cerró los ojos. —Buenas noches, masa —susurró—. Mañana crecemos los dos.

Scenes

Hora de cerrar

En la panadería de papá ya casi no quedaba pan: dos bolillos, una oreja y una concha rosa. Mateo barrió la harina del piso con su escoba chiquita y bostezó. —¿Ya nos vamos a casa,

En la panadería de papá ya casi no quedaba pan: dos bolillos, una oreja y una concha rosa. Mateo barrió la harina del piso con su escoba chiquita y bostezó. —¿Ya nos vamos a casa, papá? —Todavía no —dijo papá—. Falta lo más importante: acostar a la masa. —¿Acostar a la masa? —Mateo abrió los ojos grandotes—. ¡Las masas no duermen!

Una masa viva

Papá puso sobre la mesa un tazón enorme. Adentro había una bola de masa, blanca y redonda. Mateo la picó con un dedo. La masa se hundió… y despacito volvió a su lugar. —Parece una

Papá puso sobre la mesa un tazón enorme. Adentro había una bola de masa, blanca y redonda. Mateo la picó con un dedo. La masa se hundió… y despacito volvió a su lugar. —Parece una panza —se rio Mateo. —Esta masa tiene levadura —dijo papá—. La levadura está viva, pero es tan chiquita que no se ve. Mientras la masa descansa, la levadura hace burbujitas, y las burbujitas la inflan.

La cinta roja

—¿Y cómo voy a saber si creció? —preguntó Mateo. Papá pasó la masa a un bote transparente y alto. Mateo ató una cinta roja alrededor del bote, justo a la altura de la masa. —Listo

—¿Y cómo voy a saber si creció? —preguntó Mateo. Papá pasó la masa a un bote transparente y alto. Mateo ató una cinta roja alrededor del bote, justo a la altura de la masa. —Listo —dijo papá—. Mañana veremos si se quedó aquí abajo… o si se fue para arriba.

La cobija de cuadros

Mateo tapó el bote con un trapo de cuadros azules, como si fuera una cobija, y le dio dos palmaditas. —Buenas noches, masa. Papá guardó el bote en el refrigerador grande de la pana

Mateo tapó el bote con un trapo de cuadros azules, como si fuera una cobija, y le dio dos palmaditas. —Buenas noches, masa. Papá guardó el bote en el refrigerador grande de la panadería. —¿No va a tener frío? —preguntó Mateo. —Le gusta el fresquito —dijo papá—. Así crece sin prisa, despacito, toda la noche.

Mateo también se acuesta

La casa de Mateo estaba justo arriba de la panadería. Subió la escalera de la mano de papá, se puso la pijama y se metió en su cama. Mamá lo tapó con su cobija de cuadros azules, i

La casa de Mateo estaba justo arriba de la panadería. Subió la escalera de la mano de papá, se puso la pijama y se metió en su cama. Mamá lo tapó con su cobija de cuadros azules, igualita a la de la masa. —Buenas noches, masa —susurró Mateo hacia el piso. Y se quedó dormido pensando en miles de burbujitas, inflando, inflando, despacito.

¡Creció!

Muy temprano, cuando el cielo todavía estaba color de rosa, Mateo bajó corriendo… bueno, bajó con cuidado, de la mano de papá. Papá abrió el refrigerador grande. Mateo levantó el t

Muy temprano, cuando el cielo todavía estaba color de rosa, Mateo bajó corriendo… bueno, bajó con cuidado, de la mano de papá. Papá abrió el refrigerador grande. Mateo levantó el trapo de cuadros y… —¡Papá! ¡Creció muchísimo! La masa estaba gordita y redonda como una almohada, muy por encima de la cinta roja.

Conchas calientitas

Papá hizo bolitas con la masa, y Mateo le ayudó a ponerles su cubierta de azúcar. Con el molde, Mateo les marcó las rayitas de concha: una, dos, tres… ¡doce conchas! Papá metió las

Papá hizo bolitas con la masa, y Mateo le ayudó a ponerles su cubierta de azúcar. Con el molde, Mateo les marcó las rayitas de concha: una, dos, tres… ¡doce conchas! Papá metió las charolas al horno. Mateo esperó del otro lado del mostrador, lejos del horno caliente. Al rato, toda la calle olía a pan. Papá le dio a Mateo la primera concha, calientita. —¿Sabes qué? —dijo papá—. Dicen que los niños también crecen mientras duermen. Poquito cada noche, tan poquito que no se ve.

Mañana crecemos los dos

Esa noche, Mateo fue el primero en decir: —¡Papá, vamos a acostar a la masa! Le ataron su cinta roja, la taparon con el trapo de cuadros y le dieron las buenas noches. Luego, Mateo

Esa noche, Mateo fue el primero en decir: —¡Papá, vamos a acostar a la masa! Le ataron su cinta roja, la taparon con el trapo de cuadros y le dieron las buenas noches. Luego, Mateo subió a su cama, se tapó con su cobija de cuadros y cerró los ojos. —Buenas noches, masa —susurró—. Mañana crecemos los dos.

Read-aloud note

Lee despacio, pausa en cada imagen y baja la voz en el último párrafo.