¿Dónde está Lulo?

Cuento corto para dormir, para niños de 3 y 4 años: en Medellín, Salomé no se puede dormir sin su osito Lulo. ¿Dónde estará? El abuelo la ayuda a buscarlo.

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Published 2026-10-14T09:20:52.458143

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Story

En Medellín, cuando llega la noche, las montañas se llenan de lucecitas. Salomé ya tenía puesta la pijama y ya se había lavado los dientes. Pero cuando se metió en la cama, buscó a su lado y… ¡no estaba! —Abuelo, ¿dónde está Lulo? Lulo era su osito de peluche, anaranjado como la fruta. Y sin Lulo, Salomé no se podía dormir.

—Vamos a buscarlo, mija —dijo el abuelo, y prendió la linterna. Primero buscaron en la sala. Levantaron los cojines del sofá: había una media perdida, un crayón azul y tres miguitas de galleta. —Lulo, ¿dónde estás? —llamó Salomé. Pero ahí no estaba.

Después buscaron en la cocina. Encima de la mesa había una canasta de frutas, y entre los bananos… ¡algo redondo y anaranjado! —¡Ahí está! —gritó Salomé. El abuelo se rio. —No, mija. Esos son lulos de verdad, los del jugo. Salomé se rio también. —¡Ay, abuelo! Lulo no se come. Lulo se abraza.

Entonces oyeron un ruidito: rrr… rrr… Venía del rincón, de la camita de Mota, la perrita. Salomé se asomó despacito. Ahí estaba Mota, dormida y hecha un rollito. Y entre sus patas, bien abrazado… ¡estaba Lulo! —Abuelo —susurró Salomé—, Mota lo estaba cuidando.

Salomé no quería despertar a Mota. Así que el abuelo, muy despacito, sacó a Lulo de entre sus patas. Y Salomé le trajo a Mota su cobijita de cuando era bebé. El abuelo se la puso encima, y Mota siguió roncando, calientita. —Gracias por cuidar a Lulo, Mota —susurró Salomé.

Salomé volvió a su cama con Lulo bien abrazado. El abuelo la arropó y le dio un beso en la frente. Por la ventana, las lucecitas de las montañas brillaban como estrellas. —Buenas noches, Lulo. Buenas noches, Mota. Buenas noches, abuelo. Y antes de terminar de bostezar, Salomé ya se había quedado dormida.

Scenes

¡No está!

En Medellín, cuando llega la noche, las montañas se llenan de lucecitas. Salomé ya tenía puesta la pijama y ya se había lavado los dientes. Pero cuando se metió en la cama, buscó a

En Medellín, cuando llega la noche, las montañas se llenan de lucecitas. Salomé ya tenía puesta la pijama y ya se había lavado los dientes. Pero cuando se metió en la cama, buscó a su lado y… ¡no estaba! —Abuelo, ¿dónde está Lulo? Lulo era su osito de peluche, anaranjado como la fruta. Y sin Lulo, Salomé no se podía dormir.

Debajo de los cojines

—Vamos a buscarlo, mija —dijo el abuelo, y prendió la linterna. Primero buscaron en la sala. Levantaron los cojines del sofá: había una media perdida, un crayón azul y tres miguita

—Vamos a buscarlo, mija —dijo el abuelo, y prendió la linterna. Primero buscaron en la sala. Levantaron los cojines del sofá: había una media perdida, un crayón azul y tres miguitas de galleta. —Lulo, ¿dónde estás? —llamó Salomé. Pero ahí no estaba.

Un lulo de verdad

Después buscaron en la cocina. Encima de la mesa había una canasta de frutas, y entre los bananos… ¡algo redondo y anaranjado! —¡Ahí está! —gritó Salomé. El abuelo se rio. —No, mij

Después buscaron en la cocina. Encima de la mesa había una canasta de frutas, y entre los bananos… ¡algo redondo y anaranjado! —¡Ahí está! —gritó Salomé. El abuelo se rio. —No, mija. Esos son lulos de verdad, los del jugo. Salomé se rio también. —¡Ay, abuelo! Lulo no se come. Lulo se abraza.

Un ronquidito en el rincón

Entonces oyeron un ruidito: rrr… rrr… Venía del rincón, de la camita de Mota, la perrita. Salomé se asomó despacito. Ahí estaba Mota, dormida y hecha un rollito. Y entre sus patas,

Entonces oyeron un ruidito: rrr… rrr… Venía del rincón, de la camita de Mota, la perrita. Salomé se asomó despacito. Ahí estaba Mota, dormida y hecha un rollito. Y entre sus patas, bien abrazado… ¡estaba Lulo! —Abuelo —susurró Salomé—, Mota lo estaba cuidando.

Una cobija para Mota

Salomé no quería despertar a Mota. Así que el abuelo, muy despacito, sacó a Lulo de entre sus patas. Y Salomé le trajo a Mota su cobijita de cuando era bebé. El abuelo se la puso e

Salomé no quería despertar a Mota. Así que el abuelo, muy despacito, sacó a Lulo de entre sus patas. Y Salomé le trajo a Mota su cobijita de cuando era bebé. El abuelo se la puso encima, y Mota siguió roncando, calientita. —Gracias por cuidar a Lulo, Mota —susurró Salomé.

Buenas noches a todos

Salomé volvió a su cama con Lulo bien abrazado. El abuelo la arropó y le dio un beso en la frente. Por la ventana, las lucecitas de las montañas brillaban como estrellas. —Buenas n

Salomé volvió a su cama con Lulo bien abrazado. El abuelo la arropó y le dio un beso en la frente. Por la ventana, las lucecitas de las montañas brillaban como estrellas. —Buenas noches, Lulo. Buenas noches, Mota. Buenas noches, abuelo. Y antes de terminar de bostezar, Salomé ya se había quedado dormida.

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Lee despacio, pausa en cada imagen y baja la voz en el último párrafo.