Ixchel y las muñecas quitapenas
Cuento corto para dormir, para niños de 3 y 4 años: en Antigua Guatemala, Ixchel no puede dormir por una pena… y su abuela le enseña las muñecas quitapenas.
Ages 3-4 - 2 minute read - gentle - ES
Reviewed for child-safety · gentle by design · How our stories are made
Published 2026-10-14T09:28:44.380935

Read-aloud note
Lee despacio, pausa en cada imagen y baja la voz en el último párrafo.
Story
En Antigua Guatemala, el volcán de Agua ya estaba dormido bajo las estrellas. Pero Ixchel no. Ixchel daba vueltas en su cama, porque tenía un nudito en la panza. La abuela se asomó a la puerta. —¿Qué tenés, mi reina? —Mañana voy a la escuelita nueva —dijo Ixchel bajito—. ¿Y si no tengo amigos?
La abuela se sentó en la cama y sacó del bolsillo una cajita de madera pintada de colores. Adentro había seis muñequitas, más chiquitas que un dedo, con faldas de hilo rojo, amarillo, verde y azul. —Son muñecas quitapenas —dijo la abuela—. Aquí en Guatemala, cuando un niño tiene una pena, se la cuenta a una muñequita antes de dormir.
Ixchel escogió una muñequita de falda roja y le susurró: —Tengo miedo de no tener amigos. Después escogió una de falda amarilla: —Y voy a extrañar a mi abuela. La abuela también escuchaba. —Los amigos se hacen jugando, mi reina. Y yo te llevo en la mañana y te paso a traer al mediodía. Ixchel sonrió un poquito.
Juntas pusieron las dos muñequitas debajo de la almohada, una al lado de la otra. —Ellas te cuidan las penas toda la noche —dijo la abuela—. Así dicen los abuelos. Ixchel se acostó despacito. Y poco a poco, el nudito de su panza se fue aflojando, aflojando… hasta que ya casi no lo sentía.
La abuela la tapó con su colcha de colores y le dio un beso en la frente. Por la ventana, el volcán seguía durmiendo bajo las estrellas. —Buenas noches, muñequitas —susurró Ixchel—. Buenas noches, abuela. Y esa noche, con sus penas bien guardadas, Ixchel se quedó dormida.
Scenes
Un nudito en la panza

En Antigua Guatemala, el volcán de Agua ya estaba dormido bajo las estrellas. Pero Ixchel no. Ixchel daba vueltas en su cama, porque tenía un nudito en la panza. La abuela se asomó a la puerta. —¿Qué tenés, mi reina? —Mañana voy a la escuelita nueva —dijo Ixchel bajito—. ¿Y si no tengo amigos?
Una cajita muy pequeña

La abuela se sentó en la cama y sacó del bolsillo una cajita de madera pintada de colores. Adentro había seis muñequitas, más chiquitas que un dedo, con faldas de hilo rojo, amarillo, verde y azul. —Son muñecas quitapenas —dijo la abuela—. Aquí en Guatemala, cuando un niño tiene una pena, se la cuenta a una muñequita antes de dormir.
Una pena para cada una

Ixchel escogió una muñequita de falda roja y le susurró: —Tengo miedo de no tener amigos. Después escogió una de falda amarilla: —Y voy a extrañar a mi abuela. La abuela también escuchaba. —Los amigos se hacen jugando, mi reina. Y yo te llevo en la mañana y te paso a traer al mediodía. Ixchel sonrió un poquito.
Debajo de la almohada

Juntas pusieron las dos muñequitas debajo de la almohada, una al lado de la otra. —Ellas te cuidan las penas toda la noche —dijo la abuela—. Así dicen los abuelos. Ixchel se acostó despacito. Y poco a poco, el nudito de su panza se fue aflojando, aflojando… hasta que ya casi no lo sentía.
Buenas noches, muñequitas

La abuela la tapó con su colcha de colores y le dio un beso en la frente. Por la ventana, el volcán seguía durmiendo bajo las estrellas. —Buenas noches, muñequitas —susurró Ixchel—. Buenas noches, abuela. Y esa noche, con sus penas bien guardadas, Ixchel se quedó dormida.
Read-aloud note
Lee despacio, pausa en cada imagen y baja la voz en el último párrafo.