El ajolote que quería ver las flores

Cuento corto para niños de 3 y 4 años: Lalo, un ajolote de Xochimilco, sueña con ver las flores, y una tarde el cempasúchil llega hasta él.

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Published 2026-10-11T07:23:10.976308

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Story

En los canales de Xochimilco, bajo el agua verde y tranquila, vivía Lalo, un ajolote. Lalo tenía una sonrisa ancha y unas branquias como plumitas a los lados de la cabeza. Desde el fondo, Lalo veía pasar las trajineras: rojas, amarillas, azules... ¡Qué colores tan bonitos!

Una libélula azul bajó hasta rozar el agua. —Lalo —le dijo—, allá arriba, en las chinampas, hay flores de todos colores: anaranjadas, moradas, blancas... —¡Yo quiero verlas! —dijo Lalo. Pero los ajolotes viven siempre en el agua. Y las flores estaban en la tierra.

Lalo nadó hacia arriba, arriba, arriba... y asomó la carita por encima del agua. Vio el cielo. Vio los árboles altos de la orilla. Pero las flores estaban lejos, muy lejos, detrás de la orilla. —Ay —suspiró Lalo, y volvió a bajar despacito.

Esa tarde, pasó por el canal una canoa llena de cempasúchil. Don Chema, el chinampero, la empujaba despacio con su palo largo. La canoa iba tan llena, tan llenita, que de pronto... ¡plop! Una flor anaranjada cayó al agua. Y luego otra. Y otra más.

Lalo subió a ver. Sobre el agua flotaban flores y pétalos anaranjados, como barquitos de sol. La luz de la tarde pasaba entre ellos y pintaba el agua de color naranja. Lalo nadó entre las flores, despacito, sonriendo más que nunca. —¡Las flores vinieron a verme!

Cuando llegó la noche, Lalo bajó a su rincón del fondo. Arriba, los pétalos cubrían el agua como una cobija anaranjada. —Buenas noches, flores —dijo Lalo. Y se durmió sonriendo, bajo el agua tranquila de Xochimilco.

Scenes

Bajo el agua del canal

En los canales de Xochimilco, bajo el agua verde y tranquila, vivía Lalo, un ajolote. Lalo tenía una sonrisa ancha y unas branquias como plumitas a los lados de la cabeza. Desde el

En los canales de Xochimilco, bajo el agua verde y tranquila, vivía Lalo, un ajolote. Lalo tenía una sonrisa ancha y unas branquias como plumitas a los lados de la cabeza. Desde el fondo, Lalo veía pasar las trajineras: rojas, amarillas, azules... ¡Qué colores tan bonitos!

Allá arriba hay flores

Una libélula azul bajó hasta rozar el agua. —Lalo —le dijo—, allá arriba, en las chinampas, hay flores de todos colores: anaranjadas, moradas, blancas... —¡Yo quiero verlas! —dijo

Una libélula azul bajó hasta rozar el agua. —Lalo —le dijo—, allá arriba, en las chinampas, hay flores de todos colores: anaranjadas, moradas, blancas... —¡Yo quiero verlas! —dijo Lalo. Pero los ajolotes viven siempre en el agua. Y las flores estaban en la tierra.

Lalo se asoma

Lalo nadó hacia arriba, arriba, arriba... y asomó la carita por encima del agua. Vio el cielo. Vio los árboles altos de la orilla. Pero las flores estaban lejos, muy lejos, detrás

Lalo nadó hacia arriba, arriba, arriba... y asomó la carita por encima del agua. Vio el cielo. Vio los árboles altos de la orilla. Pero las flores estaban lejos, muy lejos, detrás de la orilla. —Ay —suspiró Lalo, y volvió a bajar despacito.

Una canoa llena de flores

Esa tarde, pasó por el canal una canoa llena de cempasúchil. Don Chema, el chinampero, la empujaba despacio con su palo largo. La canoa iba tan llena, tan llenita, que de pronto...

Esa tarde, pasó por el canal una canoa llena de cempasúchil. Don Chema, el chinampero, la empujaba despacio con su palo largo. La canoa iba tan llena, tan llenita, que de pronto... ¡plop! Una flor anaranjada cayó al agua. Y luego otra. Y otra más.

Las flores llegan

Lalo subió a ver. Sobre el agua flotaban flores y pétalos anaranjados, como barquitos de sol. La luz de la tarde pasaba entre ellos y pintaba el agua de color naranja. Lalo nadó en

Lalo subió a ver. Sobre el agua flotaban flores y pétalos anaranjados, como barquitos de sol. La luz de la tarde pasaba entre ellos y pintaba el agua de color naranja. Lalo nadó entre las flores, despacito, sonriendo más que nunca. —¡Las flores vinieron a verme!

Una cobija de pétalos

Cuando llegó la noche, Lalo bajó a su rincón del fondo. Arriba, los pétalos cubrían el agua como una cobija anaranjada. —Buenas noches, flores —dijo Lalo. Y se durmió sonriendo, ba

Cuando llegó la noche, Lalo bajó a su rincón del fondo. Arriba, los pétalos cubrían el agua como una cobija anaranjada. —Buenas noches, flores —dijo Lalo. Y se durmió sonriendo, bajo el agua tranquila de Xochimilco.

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