El coquí que cantaba de noche
Cuento corto para dormir desde Puerto Rico, para niños de 3 y 4 años: Valeria y su papá buscan quién canta de noche y encuentran al coquí.
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Published 2026-10-11T07:23:06.149689

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Story
En Puerto Rico, cuando se esconde el sol, empieza un concierto: —¡Co-quí! ¡Co-quí! Valeria ya tenía puesto su pijama de estrellitas. —Papi, ¿quién canta así? —Es el coquí —dijo su papá. —¿Y cómo es el coquí? Papi sonrió y tomó la linterna. —Vamos a buscarlo, antes de dormir.
En el patio, el canto sonaba fuerte, fortísimo: —¡Co-quí! ¡Co-quí! —Debe ser grandote —dijo Valeria—. ¡Grandote como un perro! Buscaron detrás del palo de mangó. Nada. Buscaron entre las matas de plátano. Nada. Solo hojas, y el canto, y la noche tibia.
Papi alumbró despacito una hoja verde y grande. Y ahí, sobre la hoja, había una ranita marrón, no más grande que el dedo de Valeria. La ranita infló la garganta como una burbuja... —¡Co-quí!
—¡Es chiquitito! —susurró Valeria. —Chiquitito y cantor —dijo Papi—. Lo miramos, pero no lo tocamos. Esta es su casa. El coquí volvió a inflar la garganta: —¡Co-quí! Valeria se tapó la boca para no reírse fuerte. ¡Una ranita tan chiquita, con una voz tan grande!
De vuelta en su cuarto, Valeria se metió en la cama. Por la ventana entraba el concierto: un coquí por aquí, otro coquí por allá. —Co-quí, co-quí —cantaba bajito Valeria con ellos. Ahora ya sabía quién cantaba. Y ya no le parecía un ruido fuerte: le parecía una canción de cuna.
Los ojos de Valeria se fueron cerrando. —Buenas noches, coquí —murmuró. Afuera, sobre su hoja verde, el coquí chiquitito siguió cantando toda la noche. Co-quí... co-quí...
Scenes
¿Quién canta?

En Puerto Rico, cuando se esconde el sol, empieza un concierto: —¡Co-quí! ¡Co-quí! Valeria ya tenía puesto su pijama de estrellitas. —Papi, ¿quién canta así? —Es el coquí —dijo su papá. —¿Y cómo es el coquí? Papi sonrió y tomó la linterna. —Vamos a buscarlo, antes de dormir.
¿Será grandote?

En el patio, el canto sonaba fuerte, fortísimo: —¡Co-quí! ¡Co-quí! —Debe ser grandote —dijo Valeria—. ¡Grandote como un perro! Buscaron detrás del palo de mangó. Nada. Buscaron entre las matas de plátano. Nada. Solo hojas, y el canto, y la noche tibia.
En una hoja

Papi alumbró despacito una hoja verde y grande. Y ahí, sobre la hoja, había una ranita marrón, no más grande que el dedo de Valeria. La ranita infló la garganta como una burbuja... —¡Co-quí!
Chiquitito y cantor

—¡Es chiquitito! —susurró Valeria. —Chiquitito y cantor —dijo Papi—. Lo miramos, pero no lo tocamos. Esta es su casa. El coquí volvió a inflar la garganta: —¡Co-quí! Valeria se tapó la boca para no reírse fuerte. ¡Una ranita tan chiquita, con una voz tan grande!
El concierto desde la cama

De vuelta en su cuarto, Valeria se metió en la cama. Por la ventana entraba el concierto: un coquí por aquí, otro coquí por allá. —Co-quí, co-quí —cantaba bajito Valeria con ellos. Ahora ya sabía quién cantaba. Y ya no le parecía un ruido fuerte: le parecía una canción de cuna.
Buenas noches, coquí

Los ojos de Valeria se fueron cerrando. —Buenas noches, coquí —murmuró. Afuera, sobre su hoja verde, el coquí chiquitito siguió cantando toda la noche. Co-quí... co-quí...
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