La flor que se despierta de noche
Un cuento corto para dormir para niños de 2 y 3 años: Paloma y su abuela dan las buenas noches al patio y descubren una flor que se despierta de noche.
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Published 2026-10-07T07:26:38.654683

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Story
El cielo del patio se puso naranja. Paloma ya estaba en pijama. —Antes de dormir —dijo la abuela—, vamos a darle las buenas noches al patio. Paloma tomó la mano de la abuela. ¡Vamos!
Primero, las margaritas. Sus pétalos blancos se iban cerrando despacito, despacito, como manitas que se van a dormir. —Buenas noches, margaritas —susurró Paloma.
Luego, el limonero. Entre las hojas, dos pajaritos se acurrucaron muy juntitos y escondieron el pico entre sus plumas. —Buenas noches, pajaritos —susurró Paloma, bajito, bajito.
En su canasta, la gata Canela dio una vuelta… otra vuelta… y se hizo bolita. —Buenas noches, Canela. Paloma bostezó: ¡aaaah! Todo el patio se estaba durmiendo.
Pero junto a la puerta azul, alguien no se estaba durmiendo. Una planta llena de capullos rosas estaba abriendo sus flores, una por una. —¡Abuela! ¡Esta flor se está despertando! —Es el dondiego de noche —sonrió la abuela—. Abre sus flores cuando se va el sol. Huélelo. Paloma respiró hondo. Mmm… ¡olía dulce, dulce!
Ya en su cama, junto a la ventana abierta, a Paloma le llegó otra vez el olor dulce del patio. La abuela le dio un beso. —Buenas noches, dondiego —susurró Paloma—. Tú cuidas el patio, ¿sí? Y mientras Paloma se quedaba dormida, el dondiego de noche se quedó despierto, con todas sus flores abiertas bajo la luna.
Scenes
Buenas noches, patio

El cielo del patio se puso naranja. Paloma ya estaba en pijama. —Antes de dormir —dijo la abuela—, vamos a darle las buenas noches al patio. Paloma tomó la mano de la abuela. ¡Vamos!
Las margaritas

Primero, las margaritas. Sus pétalos blancos se iban cerrando despacito, despacito, como manitas que se van a dormir. —Buenas noches, margaritas —susurró Paloma.
Los pajaritos

Luego, el limonero. Entre las hojas, dos pajaritos se acurrucaron muy juntitos y escondieron el pico entre sus plumas. —Buenas noches, pajaritos —susurró Paloma, bajito, bajito.
Canela

En su canasta, la gata Canela dio una vuelta… otra vuelta… y se hizo bolita. —Buenas noches, Canela. Paloma bostezó: ¡aaaah! Todo el patio se estaba durmiendo.
Alguien se despierta

Pero junto a la puerta azul, alguien no se estaba durmiendo. Una planta llena de capullos rosas estaba abriendo sus flores, una por una. —¡Abuela! ¡Esta flor se está despertando! —Es el dondiego de noche —sonrió la abuela—. Abre sus flores cuando se va el sol. Huélelo. Paloma respiró hondo. Mmm… ¡olía dulce, dulce!
Tú cuidas el patio

Ya en su cama, junto a la ventana abierta, a Paloma le llegó otra vez el olor dulce del patio. La abuela le dio un beso. —Buenas noches, dondiego —susurró Paloma—. Tú cuidas el patio, ¿sí? Y mientras Paloma se quedaba dormida, el dondiego de noche se quedó despierto, con todas sus flores abiertas bajo la luna.
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