La llamita y la llama de las estrellas

Cuento corto para dormir para niños de 3 y 4 años: en los Andes, la llamita Wayra descubre con su mamá la llama que se esconde en el río de estrellas.

Ages 3-4 - 2 minute read - sleepy - ES

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Published 2026-10-11T07:23:03.092324

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Story

En lo alto de las montañas, donde el aire es fresquito, las llamas dormían en su corral de piedra. Todas, menos una: la llamita Wayra. —Mamá —susurró Wayra—, no tengo sueño. Hace frío y la noche es muy grande.

Mamá llama acercó su cabeza a la de Wayra. —Mira hacia arriba —le dijo. Wayra levantó el cuello. ¡Oh! El cielo estaba lleno de estrellas. Y de un lado a otro lo cruzaba una franja de luz, larga y brillante, como un río. —Es el río del cielo —dijo mamá.

—¿Y esas manchas oscuras en el río? —preguntó Wayra. —Míralas bien —dijo mamá—. Desde hace mucho tiempo, la gente de los Andes mira esas manchas y ve una llama. Wayra miró y miró. Ahí estaba el cuello largo... las patas... ¡y dos estrellas muy brillantes, como dos ojitos!

—¿Y la llama del cielo está solita? —preguntó Wayra. —No —dijo mamá—. Cuentan que tiene a su llamita muy cerquita. Wayra sonrió. —Como yo contigo.

Wayra se acurrucó contra mamá. Su lana era gruesa, suave y calientita. —La llama del cielo cuida a su llamita —dijo mamá bajito—, y yo te cuido a ti. Ya no hacía tanto frío. Y la noche ya no parecía tan grande.

Wayra miró una vez más los ojos de la llama del cielo. —Una estrella... dos estrellas... —contó despacito. Y antes de llegar a la tercera, se quedó dormida. Arriba, en el río de estrellas, la llama cuidaba a su llamita. Y abajo, en el corral de piedra, mamá cuidaba a Wayra.

Scenes

Una noche fría en el corral

En lo alto de las montañas, donde el aire es fresquito, las llamas dormían en su corral de piedra. Todas, menos una: la llamita Wayra. —Mamá —susurró Wayra—, no tengo sueño. Hace f

En lo alto de las montañas, donde el aire es fresquito, las llamas dormían en su corral de piedra. Todas, menos una: la llamita Wayra. —Mamá —susurró Wayra—, no tengo sueño. Hace frío y la noche es muy grande.

El río del cielo

Mamá llama acercó su cabeza a la de Wayra. —Mira hacia arriba —le dijo. Wayra levantó el cuello. ¡Oh! El cielo estaba lleno de estrellas. Y de un lado a otro lo cruzaba una franja

Mamá llama acercó su cabeza a la de Wayra. —Mira hacia arriba —le dijo. Wayra levantó el cuello. ¡Oh! El cielo estaba lleno de estrellas. Y de un lado a otro lo cruzaba una franja de luz, larga y brillante, como un río. —Es el río del cielo —dijo mamá.

Las manchas oscuras

—¿Y esas manchas oscuras en el río? —preguntó Wayra. —Míralas bien —dijo mamá—. Desde hace mucho tiempo, la gente de los Andes mira esas manchas y ve una llama. Wayra miró y miró.

—¿Y esas manchas oscuras en el río? —preguntó Wayra. —Míralas bien —dijo mamá—. Desde hace mucho tiempo, la gente de los Andes mira esas manchas y ve una llama. Wayra miró y miró. Ahí estaba el cuello largo... las patas... ¡y dos estrellas muy brillantes, como dos ojitos!

Una llamita en el cielo

—¿Y la llama del cielo está solita? —preguntó Wayra. —No —dijo mamá—. Cuentan que tiene a su llamita muy cerquita. Wayra sonrió. —Como yo contigo.

—¿Y la llama del cielo está solita? —preguntó Wayra. —No —dijo mamá—. Cuentan que tiene a su llamita muy cerquita. Wayra sonrió. —Como yo contigo.

Lana calientita

Wayra se acurrucó contra mamá. Su lana era gruesa, suave y calientita. —La llama del cielo cuida a su llamita —dijo mamá bajito—, y yo te cuido a ti. Ya no hacía tanto frío. Y la n

Wayra se acurrucó contra mamá. Su lana era gruesa, suave y calientita. —La llama del cielo cuida a su llamita —dijo mamá bajito—, y yo te cuido a ti. Ya no hacía tanto frío. Y la noche ya no parecía tan grande.

Dos ojitos, dos estrellas

Wayra miró una vez más los ojos de la llama del cielo. —Una estrella... dos estrellas... —contó despacito. Y antes de llegar a la tercera, se quedó dormida. Arriba, en el río de es

Wayra miró una vez más los ojos de la llama del cielo. —Una estrella... dos estrellas... —contó despacito. Y antes de llegar a la tercera, se quedó dormida. Arriba, en el río de estrellas, la llama cuidaba a su llamita. Y abajo, en el corral de piedra, mamá cuidaba a Wayra.

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Lee despacio, pausa en cada imagen y baja la voz en el último párrafo.