Las botas de agua de Antía
Cuento corto para dormir, para niños de 3 y 4 años: en un pueblo de Galicia, Antía quiere dormir con sus botas de agua nuevas… y papá tiene una idea.
Ages 3-4 - 2 minute read - silly - ES
Reviewed for child-safety · gentle by design · How our stories are made
Published 2026-10-14T09:18:36.100947

Read-aloud note
Lee despacio, pausa en cada imagen y baja la voz en el último párrafo.
Story
En el pueblo de Antía, en Galicia, llueve muchísimo. Y a Antía le encanta, porque tiene unas botas de agua nuevas, amarillas como dos limones. Esa tarde, volviendo a casa con papá, saltó en todos los charcos: ¡chof! en el grande, ¡chof! en el mediano y ¡chof, chof! en el pequeñito. —¡Mis botas son las mejores del mundo! —dijo Antía.
En casa, Antía se bañó y se puso el pijama… y después, otra vez, sus botas amarillas. —Antía, ¿te vas a dormir con botas? —preguntó papá. —¡Sí! —dijo ella. —¡Pero si todavía tienen barro! —se rio papá. Antía se abrazó las rodillas, con botas y todo. —Es que, si me las quito, se van a quedar solas.
Papá pensó un momento. —Ya sé. Tus botas también se pueden ir a dormir. Juntos les quitaron el barro con un trapo. Papá puso una toalla vieja junto al radiador, y Antía colocó las botas encima, una al lado de la otra. Luego las tapó con un paño de cocina, muy bien tapaditas. —Mira —dijo papá—. Parecen dos patitos dormidos.
Ya en la cama, Antía oía la lluvia en la ventana: plic, plic, plic. —Papá, ¿mis botas tendrán frío? —Qué va —dijo papá—. Están junto al radiador, bien calentitas. Y mañana, si llueve, saldrán contigo a buscar charcos. Antía sonrió. Sus botas no estaban solas: estaban juntas, una al lado de la otra.
—Buenas noches, botas —susurró Antía. Papá apagó la luz. Afuera, la lluvia seguía cantando: plic, plic, plic. Junto al radiador, las dos botas amarillas dormían como dos patitos. Y en su cama, calentita y tapada hasta la nariz, Antía también se quedó dormida.
Scenes
¡Chof, chof, chof!

En el pueblo de Antía, en Galicia, llueve muchísimo. Y a Antía le encanta, porque tiene unas botas de agua nuevas, amarillas como dos limones. Esa tarde, volviendo a casa con papá, saltó en todos los charcos: ¡chof! en el grande, ¡chof! en el mediano y ¡chof, chof! en el pequeñito. —¡Mis botas son las mejores del mundo! —dijo Antía.
Con botas a la cama

En casa, Antía se bañó y se puso el pijama… y después, otra vez, sus botas amarillas. —Antía, ¿te vas a dormir con botas? —preguntó papá. —¡Sí! —dijo ella. —¡Pero si todavía tienen barro! —se rio papá. Antía se abrazó las rodillas, con botas y todo. —Es que, si me las quito, se van a quedar solas.
Una cama para las botas

Papá pensó un momento. —Ya sé. Tus botas también se pueden ir a dormir. Juntos les quitaron el barro con un trapo. Papá puso una toalla vieja junto al radiador, y Antía colocó las botas encima, una al lado de la otra. Luego las tapó con un paño de cocina, muy bien tapaditas. —Mira —dijo papá—. Parecen dos patitos dormidos.
Plic, plic, plic

Ya en la cama, Antía oía la lluvia en la ventana: plic, plic, plic. —Papá, ¿mis botas tendrán frío? —Qué va —dijo papá—. Están junto al radiador, bien calentitas. Y mañana, si llueve, saldrán contigo a buscar charcos. Antía sonrió. Sus botas no estaban solas: estaban juntas, una al lado de la otra.
Buenas noches, botas

—Buenas noches, botas —susurró Antía. Papá apagó la luz. Afuera, la lluvia seguía cantando: plic, plic, plic. Junto al radiador, las dos botas amarillas dormían como dos patitos. Y en su cama, calentita y tapada hasta la nariz, Antía también se quedó dormida.
Read-aloud note
Lee despacio, pausa en cada imagen y baja la voz en el último párrafo.